En tiempos de polarización y confrontación pública, el liderazgo se mide menos por el volumen de la voz y más por la capacidad de escuchar. Gobernar, dirigir o representar no es ejercer dominio sobre los demás, sino construir consensos que fortalezcan la confianza. El verdadero liderazgo participativo nace del respeto: respeto por la diferencia, por las instituciones, por la verdad y por la dignidad de quienes piensan distinto.
Hoy, más que nunca, Colombia necesita líderes que comprendan que el poder sin respeto degenera en autoritarismo y que la autoridad sin humildad se convierte en abuso. Las instituciones no son obstáculos; son los pilares que sostienen nuestra convivencia. Deslegitimarlas, insultarlas o ridiculizarlas puede dar réditos momentáneos en la arena mediática, pero a la larga socava el tejido mismo del Estado de Derecho.
El liderazgo participativo, en cambio, se construye con diálogo. No con imposiciones, sino con espacios donde la ciudadanía se sienta escuchada y donde los desacuerdos sean una oportunidad para mejorar las decisiones colectivas. El líder que invita a participar reconoce que el conocimiento está distribuido: en los trabajadores, en los jueces, en los maestros, en los empresarios, en los jóvenes que cuestionan y proponen.
El respeto institucional no es una formalidad jurídica; es un valor cultural. Es entender que cada poder —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— tiene límites y funciones que deben complementarse, no invadirse. Cuando una autoridad pública desacredita a otra, no solo afecta a una persona, afecta a todos: debilita la confianza social, confunde la ciudadanía y alimenta la desobediencia civil sin causa legítima.
El desafío del liderazgo moderno no es mandar, sino inspirar. No es imponer miedo, sino generar propósito compartido. La grandeza de una nación se mide por la conducta de sus dirigentes frente al disenso: un buen líder enfrenta las críticas con argumentos, no con ataques; con serenidad, no con furia; con respeto, no con desdén.
El país requiere volver a la pedagogía del ejemplo. Enseñar que la autoridad se gana con coherencia, no con gritos; con resultados, no con agresiones; con respeto, no con soberbia. Que la fortaleza institucional es la única garantía para la libertad de todos.
El liderazgo participativo no es una moda: es la única forma sostenible de ejercer el poder en democracia. Escuchar, respetar y construir sobre las diferencias no es debilidad. Es la mayor muestra de inteligencia política.
Pero la desagradable realidad es que no todos esos precandidatos son simplemente más ilusos que los que compran el Baloto, porque con este muy de vez en cuando se gana, sino que algunos son avivatos que utilizan o pretenden utilizar este cuarto de hora lanzando sus nombres al ruedo con fines totalmente diferentes a ganar en las elecciones porque saben que solo, y de vaina, sus familiares votarían por ellos. Por ejemplo, lo hacen para que esta avivatada quede en su hoja de vida y recordarla en cuanta conversación puedan. Otros, para unirse como apoyo a candidatos con opción y después cobrar como sabemos que se cobra en la politiquería colombiana. Unos más para preparar su futuro lanzamiento a cargos importantes o por elección popular, como a alcalde o gobernador ya que durante esta campaña su nombre será repetido en entrevistas por prensa, radio y televisión. Con certeza mis lectores supondrán otras razones para la proliferación de tanto precandidato.
Lo cierto de todo este sesudo análisis es que si hoy Colombia tuviera un presidente serio, decente, preparado, responsable, cumplidor, con un muy buen equipo en sus ministerios e institutos descentralizados, con un país más seguro y productor, y obviamente con elevado respaldo popular, como máximo tendríamos una docena de candidatos, esos sí serios, capaces y con posibilidades, porque un mandatario que deje la vara bien alta, limitaría esta proliferación de individuos que la están midiendo por lo bajo con Petro. Ojalá se agilicen sus retiros para ir viendo quien es quien.
Como no oculto mi tendencia política y aplico la “Extrema Coherencia”, anticipo que votaré por aquel candidato más opcionado para derrotar a la izquierda petrista que está descuadernando a Colombia.
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