La agonía del centro de Barranquilla. Con este preocupante título, El Heraldo publicó el día 4 de noviembre la dramática situación que atraviesa hoy nuestro centro histórico, desde la calle 30 hasta Murillo y desde la carrera 38 hasta la 46. Esta situación es causada por la disminución del flujo de compradores, lo que ha originado el cierre de casi 300 locales comerciales y cada vez menos ventas en los que aún permanecen abiertos.
Terrible noticia, porque si hay algo que se defiende y apoya en toda ciudad es su centro comercial, ya que en este se inicia la historia de cada población. Seguramente serán muchas las causas de esta situación, pero en esta columna incluiré una basada en mi experiencia personal. Me encargaron el diseño, a Donoren, de la obra más importante lograda para recuperar el centro de Barranquilla, que ha sido sin duda la total remodelación del Paseo Bolívar desde la carrera 38 a la 45.
Obra que se empalmó con la demolición de dos y media manzanas para continuarlo con una plaza hasta la avenida La Guerrera. Pocos barranquilleros apreciaron la tremenda obra y lo espectacular que quedó esta arteria, con una iluminación vehicular, peatonal y paisajística que destacaba su bella arborización en las noches: palmeras Washingtonia y reales, así como robles bellamente iluminados.
El costo total del Paseo Bolívar, incluyendo calzadas en adoquines, andenes embaldosados, iluminación, arborización y mobiliario financiados con valorización, fue de 5.100 millones de hace 19 años. Aproveché para incluir el diseño de la calle 35 (San Blas) entre carreras 43 y 45, como también el de ese par de cuadras de ambas carreras. Tanto la calle 35 como las dos carreras contaban con atractivos y prácticos puestos para ventas estacionarias en los andenes, ubicados de manera que no afectaran a los almacenes formales.
Desafortunadamente, esta calle 35 no estaba incluida en el programa de valorización. Ingenuamente pensé que, ya con los planos listos, esta se remodelaría posteriormente para continuar la recuperación de nuestro centro histórico hasta Murillo, lo cual no sucedió. Por lo anterior, considero que la no continuación de esa recuperación urbana —para contar con un bello centro que lograra un sano equilibrio del comercio formal con vendedores estacionarios formalizados— es causante de esta agonía denunciada en El Heraldo, porque ello impidió lo deseado y deseable: su conversión en una gran área comercial y residencial que gozara de actividad las 24 horas del día.
Hoy el centro se apaga a las 7 de la noche o antes y está perdiendo su importancia comercial, lo cual es gravísimo. Ana María Aljure, gerente de ciudad, en un reciente anuncio de muy importantes obras proyectadas por el distrito, incluyó la revitalización de nuestro centro histórico. De lograrlo, Barranquilla estaría a otro nivel.